Zulu, ¡una agradable sorpresa!

Fidel Gutiérrez
La revista Sótano Beat publicó lo siguiente (añadí algunas pequeñas actualizaciones después):

En setiembre 22 de 2008, Zulu accedió a ser entrevistado por el reconocido periodista Fidel Gutiérrez (izq), hecho que por sí sólo es histórico pues no concedía entrevistas desde hace un cuarto de siglo. De esta manera tenemos de vuelta a uno de los más importantes compositores de Perú quien, luego de publicar, en 1974, uno de los más interesantes LP de rock peruano, desapareció de la escena.
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En 1974, fueron muchos los limeños que escuchaban a Zulu. Las canciones editadas ese año en el LP del joven músico sonaban insistentes en radio y TV, y no solo gracias a la eficiente labor de promoción de su disquera, sino a su buena factura.

La variedad de estilos que dicho disco recogía y el hecho de estar compuesto por temas propios en español (con excepción de "Sueño de amor", que era de Billy Morgan Heymer), lo convirtieron en un éxito de ventas y de difusión. De ahí que sea lamentable que –al igual que a otras piezas fundamentales del rock peruano– se lo haya relegado y olvidado como referente, y que ni siquiera hubiera planes de reeditarlo.

Lo de Zulu no fue casual. Al momento de grabar el LP, y a sus 23 años de edad, su paso por [otros] grupos, entre ellos Los Nuevos Shain’s y la nueva formación de Traffic Sound, le daban la credibilidad necesaria para mantener un lugar destacado en la escena.

Sin embargo, poco después de aparecidos su álbum y dos singles, el músico desapareció literalmente del mapa musical. Llevado por motivos que en esta entrevista se explican, él mismo rescindió su contrato con IEMPSA y dejó los escenarios.

Con el tiempo, su actitud alimentaría el copioso imaginario de leyendas del rock peruano. Una entrevista que concedió en 1982 a “La Caverna Subterránea”, programa de Hugo Salazar, de Radio Miraflores, sería una de sus últimas apariciones públicas desde que en 1975 renunciara a todo. En 1993, subiría solo un par de minutos al escenario para decir unas palabras durante el concierto de reencuentro de Traffic Sound en el Muelle Uno, de Miraflores.

33 años después de su retiro, buscando información en Intenet, el nombre de Miguel Ángel Ruiz Orbegoso apareció en la pantalla de mi PC en un website ajeno a la música, y un email tímidamente inquisidor recibió su cálida respuesta: “Discerniste bien. No es un homónimo. Se trata de la misma persona. Zulu”. (¡!)

Aquel contacto me sirvió para realizar la presente entrevista y despejar dudas. Pero también para empezar a conocer a un ser humano de sólidas convicciones y valores. A eso se sumó la suerte de poder escucharlo tocar, en la sala de su casa, canciones tan buenas como las que grabó en los años 70, y de descubrir aquellas piezas inconclusas que formarían parte del segundo LP, tentativamente titulado “Zulu II”, que nunca fue producido. ¡Poco después me enteré de que mi interés e impertinencia se habían convertido en una fuerte motivación para que posteriormente Zulu hiciera un ejercicio de memoria aún mayor, organizara sus recuerdos y experiencias y me diera la sorpresa de que había abierto [este] blog para poner su música grabada en los 70 a disposición de todos!

Pero mejor dejemos los preámbulos para que él mismo nos cuente su historia en las siguientes páginas de “Sótano Beat”. (Fidel Gutiérrez)

Fidel: ¿Posteriormente, tuviste la tentación de volver a la música, o tu decisión de cortar con todo siempre se mantuvo en términos radicales?

Zulu: Sí. Fue un alejamiento radical, pero nunca me arrepentí. 30 años haciendo música fue suficiente tiempo para pensarlo bien y comprobar si estuve equivocado. Pero no me equivoqué. Fue la decisión correcta.

Fidel: ¿A qué se debió tu alejamiento de la música?

Zulu: Me alejé del mundo del espectáculo porque perdí el deseo de ser famoso. Confieso que cuando empecé a grabar mi disco, tenía todas las intenciones de llegar muy alto y ser famoso. Pero perdí esa motivación. Nunca me gustó que me aplaudieran. Aunque parezca raro, no me agrada el aplauso. Me encanta hacer música, pero hay un endiosamiento que deviene de ello, aunque uno no lo busque. Subir y ascender en el mundo artístico genera una ola de seguidores y admiradores que te obligan a subir aún más y más. Eso lo aprecio mucho, pero dejé de desearlo. En pocas palabras, me entrevistaban en la radio, en la televisión y en todas partes, pero siempre veía detrás del periodista un afán de figuración que, por ejemplo, no vi en ti.

Fidel: ¿Tuviste experiencias negativas con la prensa?

Zulu: En cierta ocasión, me invitaron a una radio para una entrevista. Fui con mi hermano Pedro, baterista del grupo. Cuando el DJ me vio desde la cabina de locución, dijo a sus oyentes: “Zulu acaba de ingresar a nuestros estudios acompañado de una preciosa gringa”. Pero yo estaba con mi hermano, no con una gringa. El DJ no solo pintó una imagen que no existía, haciéndolo sin mi consentimiento, sino que pisoteó los principios y normas de decencia con absoluta impunidad. ¡Mi enamorada estaba escuchando el programa! Imagínate en el problema que me metió. Luego añadió: “¡Sírvete una Coca Cola, y pasa adelante!”, pero no había ninguna Coca Cola. Todo eso me preocupó muchísimo. Como ése, se sabe de varios casos de periodistas y locutores que pintan en falsos colores a los artistas, utilizándolos como trampolín para su propia figuración.

Me pregunté en qué me estaba metiendo. Porque a medida que avanzaba, tenía que rendirme ante episodios de esa clase. No todos eran así, pero había quienes se sentían con pleno derecho a decir y hacer cosas como esas. ¿Daño colateral?

Fidel: ¿Ya había excesos en ese campo durante esos años?

Zulu: Cuando estuve en Traffic Sound, Jaime Delgado Aparicio, productor de Sono Radio, sello al que Traffic se había cambiado, nos advirtió que tuviéramos cuidado de no ir a ciertos restaurantes o cinemas, lo cual nosotros justificamos. ¿En qué sentido? Cuando una compañía asume la promoción de un artista, se abroga el derecho de canalizar y cuidar su imagen. Es comprensible. No tiene nada de incorrecto. Es de suponerse que los artistas se hagan de una reputación que cuidar y mantener. Pero a Zulu no le gustaba esa clase de control. De hecho, en IEMPSA, sabe Dios por qué, no me dejaron figurar como grupo con los Cookins Morning, que era el grupo que yo quería como respaldo.

Originalmente, mi idea fue lanzar a “Zulu” como un grupo, no como un solista, algo que seguramente me permitiría sentirme más cómodo, ya que suponía que sobrellevaría mejor la presión social y emocional propias de la carrera. Pero la disquera decidió lanzarme como solista. Yo estaba empezando. No lo discutí. Nunca conocí las razones.

Fidel: Sono Radio quería mantener la exclusividad con Traffic Sound. Tenía todo el derecho de sugerir como gestionar su imagen.

Zulu: Lógico. Era una cuestión de imagen. En el campo del arte, la imagen global lo es todo. Se vende imagen. Por eso, cuando me inicié por mi cuenta tuve que tomar decisiones, y como quería ser lo máximo, como lo hubiera deseado cualquiera, tendría que dar todo por el todo. Mi meta era Estados Unidos.

Fidel: ¿Tuviste algún modelo o referente para ansiar eso?

Zulu: ¿Modelos? No. Pero sí abrigaba el deseo de llegar a ser grande. "Si otros pueden, ¿por qué yo no?" -me decía a mí mismo. Alex Acuña, Ramón Stagnaro y otros llegaron lejos.

Fidel: Pero en los setentas no lo hacían.

Zulu: En aquel tiempo estábamos empezando. Son 30 ó más años atrás, tiempo durante el cual me he mantenido alejado de la farándula.

Fidel: ¿Cómo fue que empezaste a hacer música?

Zulu: Por decirlo así, “nací en la música”. Mis padres eran pianistas y cantaban precioso. Mi hermano Enrique, quien falleció hace muchos años, compuso “El Llavero Y Mi Corazón” en la década del 60 con el seudónimo de Kike Martino. Él era 16 años mayor que yo.

Fidel: Tu hermano también fue un cantante conocido. ¿Quizás fue su dedicación a la música y su influencia la que hizo que finalmente tú también optaras por dedicarte a la música? ¿Representaba su condición de músico algo para ti y para tu familia?

Zulu: Kike influyó mucho, pero la decisión de dedicarme a la música fue enteramente mía. Ni él ni ninguno de mis hermanos usaron frases tales como “debes dedicarte a la música”, “la música es tu vida” o “tú naciste para cantar”. Kike nunca me dijo lo que yo debía ser, y no me dediqué a la música por seguir su ejemplo. Por lo menos, conscientemente. Sin embargo, Hernando Suárez Reyes, padre de Pedro Suárez-Vértiz, sí me lo dijo abiertamente. 

Un día él pasaba con su auto y me recogió. "¡Hola, Miguel Ángel! ¿Adónde vas?". Le dije que iba a mi casa. Regresaba de la universidad, de dar examen de ingreso al programa de Psicología. Quería ser psicólogo y sociólogo. Y me contestó con cara de susto: "¿La universidad? ¿Qué vas a hacer en la universidad! ¡Agarra tu guitarra y vete a recorrer el mundo. ¡Tú eres un artista nato! ¡Tu vida es la música! Si quieres, estudia en la universidad, pero te aseguro que, igual, terminarás recorriendo el mundo con tu guitarra". ¡Y lo pensé bien y me lancé, me decidí por la música!

Fidel: Finalmente, fue el rock el que te ganó. Pudiste dedicarte a otro género.

Zulu: Un tiempo experimenté con la música criolla. Me agarró fuerte. Pero no me duró mucho. No era lo mío.

Fidel: ¿Cómo fue que el rock te ganó para sus filas?

Zulu: Fue en la época del colegio. Estudiaba en el Santa María, y además me juntaba con gente del Roosevelt, que eran mayormente hijos de estadounidenses que vivían en Perú, y con muchachos del Abraham Lincoln. Con ellos hice música.

Fidel: ¿Qué música solían escuchar?

Zulu: Me gustaba mucho la música de The Beatles, Three Dog Night, The Kinks, Who, Santana, Beach Boys, Hendrix, Crosby, Stills & Nash. De hecho, Woodstock marcó una pauta increíble. No hubo ni habrá otro concierto como ese. Fue tremendo ver a Joe Cocker interpretando “With a Little Help From My Friends”. Demostró que la calidad vocal no es lo importante, sino la imagen y el estilo. Todo eso afectó al rock en general.

Fidel: ¿Cómo es que llegas a hacer música en los escenarios?

Zulu: Casi todos los grupos empiezan tocando en fiestas, y así fue como empecé. Cuando eso pasa, llega un momento en que uno conoce a miembros de otros grupos. Nos fuimos juntando y las fiestas pequeñas se convirtieron poco a poco en grandes conciertos, como el de La Pampilla, donde toqué con el acompañamiento de Cookins Morning, un grupo fantástico con el que después grabé las primeras canciones del LPZulu, "Como una escalera", "Haces mal, pobre chico" y otras.

Fidel: ¿Tenías un grupo?

Zulu: Mi primer grupo fue en el colegio. Eduardo Lores formó el grupo con Ramón De Orbegoso y conmigo. Le puso “The Wally-Wally Tip Tops”. Fue Ramón quien me enseñó a tocar guitarra. Solo me enseñó a pisar tres acordes: La, re, mi. Punto. Todo lo demás lo aprendí por mi cuenta. Nunca nadie volvió a enseñarme nada de guitarra. Formamos el grupo para una sola presentación. Después formé otros grupos que duraron más tiempo.

Fidel: ¿Tocas de oído?

Zulu: Sí. No escribo ni leo música. Aunque suene duro decirlo, valgan verdades, la monja que me daba clases de piano en el colegio me abofeteaba fuertemente cada vez que me equivocaba una nota. Por eso, nunca más quise tener un profesor de piano ni de música. Le agarré odio a las bolitas negras del pentagrama. Pero la música seguía gustándome. Mi padre me matriculó en el Conservatorio Nacional, pero no prosperé. Lo lamento, pero así fue. Seguramente la directora ignoraba los métodos inadecuados de aquella maestra, pero los niñitos no nos atrevíamos a delatar el abuso. Nunca se lo dije a mis padres.

Fidel: ¿Cuánto duró tu primer grupo?

Zulu: Poco tiempo. Solo fue para una actuación en el colegio. Pero después formé The Flushing Choice, con Ronnie Engle, Whasán Chon Chau, Andrés Vukovic y mi hermano Pedro. Tocamos en fiestas por bastante tiempo. 

Un día conocí a The Mad’s en el Galaxy, discoteca de San Isidro, Lima. Su equipo era grande para la época. Billy Morgan tocaba el bajo. Un día nos pidieron prestado el parlante del bajo para añadirle poder al suyo. Al poco tiempo, a veces nos prestaban su equipo para tocar “Gloria”. Sonaba fuerte y bonito. Un rato tocaban los Mad’s, y otro, nosotros. Billy y yo llegamos a ser muy buenos amigos. “Bimbo” Macedo no le prestaba su batería a nadie, pero sí a mi hermano Pedro, aunque él solo tenía 14 años de edad. Los Mad’s se divertían con Flushing Choice bailando con sus enamoradas.

Fidel: Supongo que en el Galaxy también conociste a Traffic Sound, porque solían tocar allí.

Zulu: Allí tuve un mayor acercamiento con Traffic Sound, pero ya los conocía desde sus inicios, desde el colegio. Años después de haberme retirado de la música, Eduardo “Mono” Chaparro (QEPD) me contó que también le hubiera gustado convocarme para tocar en “Dr Wheat”.

Fidel: ¿En Dr. Wheat?

Zulu: Sí.

Fidel: ¿En ese tiempo ya te conocían como Zulu?

Zulu: ¡Claro! Yo llevaba ese apodo desde los 13 años de edad.

Fidel: ¿A qué se debía?

Zulu: A que cuando era más chico, era más jetón. Parece que la jeta me había crecido antes que el resto del cuerpo. Por ese tiempo había un político africano de nombre Lumumba, y mis amigos comenzaron a llamarme Lumumba. No me gustó. Por esa época llegó a Lima la película “Zulu”, y en ella, un negro agitador de masas pegaba un grito de guerra antes de emprenderla contra el enemigo. 

En la cancha de fútbol del colegio jugábamos a las ”batallas”. Los que pesábamos menos nos subíamos en las espaldas de los más grandotes, como jinetes sobre sus caballos. Como yo tenía facilidad para imitar, un día pegué el grito de guerra zulú, muy parecido al  del tipo de la película, y todos rieron a carcajadas, y me quedé con el apodo. Bueno, al menos me gustó más que Lumumba.

Fidel: ¿De qué promoción del colegio Santa María?

Zulu: Creo que la 27. Pero no terminé allí, sino en el Villa Teresa, de San Antonio. Después de estudiar en el Santa María me matricularon en el internado Santa Rosa, de Chosica. De ahí regresé a Lima, al Almirante Guisse, y de ahí, al Villa Teresa. Recuerdo que cuando terminé el colegio, a los 19 años, arrojé a la basura mi máquina de afeitar el último día de clases, y dije: “¡Nunca más me afeito!”.

Fidel: Terminaste el colegio algo tarde, ¿no?

Zulu: Por zonzo. Me jalaron en primer año y me atrasé el siguiente año y medio. Como mi padre tenía plata, no había problema. Él era muy consentidor. El problema fue cuando la plata se le acabó y comencé a abrir los ojos.

Fidel: ¿Eras un hippie en esa época?

Zulu: No. Estrafalario y bohemio sí, pero hippie no. Mi hermana Pilar sí fue hippie.

Fidel: ¿No te identificabas con ellos?

Zulu: No. No me atreví a llevar ese tipo de vida, es decir, tan libre. Pero sí andaba por las calles con ojotas y pantalones floreados y acampanados.

Fidel: ¿Cómo reaccionaba la gente al verte?

Zulu: Nunca me percaté de ello, porque nunca me fijaba en eso. Simplemente me vestía como me gustaba, no por recibir la aprobación de los demás.

Fidel: ¿Es por entonces que grabas con los Shain’s?

Zulu: Grabé algún tiempo después, porque después de Flushing Choice formé un grupo unplug con Carlos Seibt (quien fue una vez primera voz de los Shain’s), Juan Luis Pereira, Andrés Vukovic, Coco Suárez Reyes, Chino Escudero y Julio Trigo. Éramos muy afiatados. Era un sonido experimental, novedoso e interesante. Sonaba precioso. Pero no continuamos porque cada uno siguió un camino diferente.

Fidel: ¿Hacían folk o algo así?

Zulu: Era como El Polen, pero más suave, no tan andino. Más occidentalizado.  Como en mi canción "Laberintos". Pero ahí quedó.

Fidel: Veo que siempre fuiste por el lado del rock. Como que el rollo de la Nueva Ola no te llamaba la atención, pese a la presencia de tu hermano mayor.

Zulu: Sí me llamaba la atención. Lo que pasa es que cuando uno toca, lo que resulta es diferente de lo que le gustaría que fuese. Lo que hacíamos era improvisar y componer. Después de Flushing Choice conocí a Los Shain’s. 

Pico Ego Aguirre, director del grupo, me llamó y acordamos. Fuimos a la tienda de inmediato y compró un teclado Yamaha. Pero no terminé de pagarlo. Fue un arreglo de tipo leasing. Por eso el equipo se quedó con el grupo. The Sky Is Falling es una canción que compuse para tocarla con ellos, aunque ya casi no recuerdo cómo sonaba.

Fidel: ¿No recuerdas entonces por qué incluiste un segmento de la marcha nupcial en algunas partes de la canción?

Zulu: No. Pero sí recuerdo que era la primera vez que cantaba la voz principal en un disco. No tenía mucha experiencia grabando. Con los Shain’s también cantaba "Hey Joe", de Hendrix. Le ponía corazón, y la gente le gustaba.

[Esta última información ha sido actualizada en la página de Los Shain's, y, además, subí un archivo en mp3 de The Sky Is Falling en mi página de downloads]

Fidel: Para entonces supongo que ya te habías hecho un nombre, a nivel de otros músicos y ello fue lo que hizo posible entrar a Traffic Sound.

Zulu: Cuando Traffic Sound me convocó para reemplazar a Willy Thorne en el bajo y los teclados, creo que yo ya no estaba con los Shain’s. Manuel Sanguinetti y Jean Pierre Magnet fueron a mi casa a invitarme. Para cuando Traffic Sound realizó su memorable concierto en el Teatro Segura, de Lima, con la Orquesta Contemporánea de Jaime Delgado Aparicio, ya me habían incorporado en el bajo y los teclados. Lamentablemente, poco después algunos del grupo viajaron al extranjero a continuar estudios superiores. Poco a poco Traffic Sound terminó siendo un trío: Willy Barclay, Lucho Nevares y yo.

Fidel: ¿Y por qué no siguieron como Traffic Sound, los tres, mientras aún estaban todos en el país?

Zulu: Lo hicimos por un tiempo. La disquera lo exigió.  Pero jugaron diferentes factores. En realidad, Traffic Sound no era un trío. Simplemente, no podía seguir así por mucho que hubiéramos querido. Sin el apoyo de otros músicos no iba a sonar como deseábamos. Además, Traffic Sound no era solamente un conjunto musical. Detrás de todo había una mística. Nadie pudo cambiar eso. La mejor evidencia de lo que acabo de decir fue su memorable reencuentro en el Muelle Uno, en 1993. Cuando les di el encuentro, me invitaron a tocar, pero ya no era el caso.

Fidel: ¿Ibas a tocar algún tema específico?

Zulu: No necesitaban precisarme nada. Simplemente se suponía que subiría e improvisaría, nada más. Un rato antes del concierto, Manuel me dijo: “¡Zulu, tienes que subir! Haz un coro o toca algo, ahí traje la pista de “San Isidro de mí”, si quieres, la cantas (no sé si lo dijo en serio)”. Pero le respondí: “¡Paso! Si quieres digo unas palabras, pero ahí quedo. Traffic Sound son ustedes: Manuel, Freddy, Jean Pierre, Willie, Wilito y Nevares”. Me recordó la noche en que Los Mad’s hicieron un concierto en el Auditorio del Colegio Santa Úrsula. Yo estaba entre el público, y Tito Ventura prácticamente me obligó a subir al escenario y a que improvisara una canción. La inventamos en el momento. ¡Qué pena que no se filmó!

Fidel: Supongo que esos antecedentes pesaron para que pudieras grabar un disco como solista.

Zulu: Cuando Traffic Sound se disolvió e hizo un break, Perico Durand, a la sazón DJ de Radio Miraflores, invitó a Jean Pierre Magnet a probar los nuevos equipos que había comprado IEMPSA, y JeanPi me invitó a acompañarlo. 

Para aquel tiempo, era lo más avanzado en equipos. Fuimos con la idea de sencillamente hacer un poco de música y probar los equipos. Pero cuando llegamos a su oficina, Perico inmediatamente nos llevó al despacho del Gerente de IEMPSA y, sin previo aviso, oímos que dijo: “Aquí están los señores de Traffic Sound, que vienen a grabar en IEMPSA”. ¡Ese no había sido el trato! Pero allí estábamos frente al gerente de una de las mayores disqueras del Perú. Nos estaba ofreciendo un contrato.

Fidel: Pero ¿no grababa Traffic Sound en Sono Radio?

Zulu: Bueno, el grupo se había disuelto, y cuando nos propusieron aquel contrato, Jean Pierre se retrajo porque tenía que viajar a seguir sus estudios, y yo, ni tonto ni perezoso, dije que sí. Pero no para grabar como Traffic Sound, sino por mi cuenta. De inmediato me extendieron un contrato, firmé y me abrieron todas las puertas.

Fidel: ¿Les pediste algo en particular que los músicos de aquel entonces no se hubieran atrevido a exigir?

Zulu: No. Cada músico tenía su equipo. Lo único es que para cada canción incorporaría músicos diferentes, según la necesidad. Los únicos fijos, que finalmente participaron en la mayoría de mis canciones, fueron Billy Morgan, en el bajo y algunos temas en guitarra, y mi hermano Pedro, en la batería. 

En total, grabaron conmigo Ernesto Samamé, Pocho Purizaga, Pico Ego Aguirre, Julio Trigo y los hermanos Carlos y César Curazao, de Cookins Morning, Mi hermana Pilar, y Nancy, Patty y Malena Calixto. También algunos amigos del barrio y otros músicos de apoyo.

Fidel: ¿Cómo sonaba Cookins Morning? ¿Quiénes eran?

Zulu: Puedes formarte una idea escuchando el tema de mi LP "Haces mal, pobre chico", porque aunque la canción y el arreglo musical eran míos, se puede notar la fuerza de los músicos. Pocos recuerdan hoy a Cookins Morning, pero a mi modo de ver, era un grupazo. 

Estaba formado por Carlos Curazao (guitarra y violín) y César Curazao (batería). Eran de San Borja. Y Johnny Shappiano (bajo), era de Surquillo. Toqué con ellos un tema mío en un memorable concierto en La Pampilla, Miraflores, aprovechando que ellos tendrían parte. Fue una noche increíble. 

Después, cuando firmé con IEMPSA, quise invitarlos a fusionarse conmigo en un solo grupo, porque, como dije, mi idea original fue que “Zulu” fuese una banda, no un solista. Pero esa idea no prosperó.

Fidel: Entonces, tuviste suerte.

Zulu: Ummm… No creo en la suerte, sino en que hay que asignar un valor a las cosas. Si pensamos que todo se debe a la suerte o casualidad, los conejos tendrían mucho éxito y nunca los capturarían. Pero sí hubo un componente casual, de hecho.

Lo cierto es que IEMPSA me apoyó mucho. Jorge Trujillo, técnico de grabación, me ayudó bastante. Al comienzo, grabé con Víctor Reyes, pero posteriormente, Jorge se hizo cargo y juntos hicimos la edición. 

Víctor grabó “Como una escalera”, “Haces mal, pobre chico”, “Sueño de amor” y “Candela”, y Jorge grabó “Cariño Grande”, “Si en el cielo yo viviera” y todos los demás. Después terminó siendo tecnico de grabación en el estudio “Amigos”, de Edmundo Delgado. Jorgecse fue a USA.

Fidel: ¿Por qué solamente grabaste canciones en español? Parecerá redundante preguntártelo, pero en ese tiempo casi todos los grupos peruanos de rock grababan en inglés.

Zulu: Quise hacerlo en español porque pensaba en el futuro de la música rock en Perú, que, a todas luces, sería en español. Lo veía venir y quise ser el primero en darle un gran impulso. Tarde o temprano, la mayoría haría música en español, y así ha sido.

Además, cuando el disco estuvo listo, le pedí a la disquera que no revelara la procedencia del autor ni de la producción, sino hasta después de que la música hubiese recibido acogida. Cuando llegó el momento de mencionar que había sido hecho por peruanos, socavamos cualquier prejuicio que pudo surgir.

Fidel: ¿Te dejó satisfecho la producción del disco?

Zulu: En un 80%. Me hubiera gustado contar con más expertise en ingeniería de grabación. Víctor Reyes era un experto grabando valses y huaynos peruanos, pero no rock, y yo no sabía quién hubiera podido hacerlo mejor. Aunque no leía música, mi campo era la música, no la ingeniería de sonido. 

Creo que mi música pudo sonar un poco mejor con un mayor respaldo de ingeniería, como sucede hoy. La siento muy ruidosa y chillona, pero hicimos lo mejor con lo mejor que tuvimos a mano. En realidad, todo el disco fue un gran intento. Quería usarlo para entrar a Estados Unidos, ir a las disqueras y presentarlo para que vieran lo que podría ser capaz de hacer con más apoyo.

Fidel: En algunas de tus canciones hay instrumentos y arreglos de vientos y teclados, y en el disco dice que tú te encargaste personalmente de todos los arreglos. Eso me llama la atención ahora, al enterarme de que no estudiaste música.

Zulu: No es raro. Cuando Oscar D’León empezó, era autodidacta. No leía música, pero dirigía una banda impresionante, y como él hay muchos. En mis tiempos no había en Perú los sofisticados teclados que hay ahora. Hoy puedes tocar unos acordes, y el equipo te lo escribe todo en un pentagrama. 

Para los vientos, le pedí a Víctor Cuadros, director de orquesta, que pusiera por escrito en el pentagrama las escalas para los músicos lo que yo le iba dictando. Es todo. Y cuando me invitaron al Festival de Trujillo, también le pedí que escribiera los arreglos para la orquesta. Lamentablemente, agotaron a los músicos y no descansaron bien antes del concierto. Solo ensayamos una vez. Pero en el momento, se traspapelaron sus notas y, cuando llegó el momento, unos tocaron una cosa, y otros, otra. Me bajé del escenario después de los primeros compases y me retiré.

Fidel: ¿Por qué nunca presentaste el disco en vivo?

Zulu: Porque la disquera se acobardó (y en parte le doy la razón). No quiso arriesgarse con la inversión en un concierto del tamaño y con las especificaciones que les pedí. El disco no había salido, no podían arriesgarse con tanto. Implicaba una orquesta y coreografías, además de muchas horas de ensayo que ocuparían el único estudio de grabación grande que tenían. 

Cuando el disco pegó, me llamaron y me dijeron: “¡Hagamos el concierto!”. Pero me negué: “Les advertí que necesitaría como mínimo tres meses de ensayo”. Hacerlo bien requería tiempo y dedicación, no improvisación. Con lo que pasó en Trujillo, no podía confiar en nadie para un concierto de esta naturaleza. Puedes improvisar una canción, pero no un concierto.

Fidel: Tampoco promocionaste las canciones en los programas que había entonces.

Zulu: Hice solo dos presentaciones: Humberto Martínez Morosini y Mannie Rey me entrevistaron en el noticiero “24 Horas”, de Panamericana Televisión, donde canté “Como una escalera”; y también canté en un programa del Canal 7. Recuerdo que mucho antes de grabar en IEMPSA también había cantado algunos temas míos para niños en el programa de Yola Polastri (“Cristobalito, Marino Valiente” y “El Pastor en la montaña”). Eso fue todo.

Fidel: ¿Recurrías a las drogas para encontrar respuestas, o solo eran un pasatiempo para ti?

Zulu: Empecé a buscar a Dios, y créeme que lo encontré. Nunca recurrí a las drogas para hallar respuestas. Las consumía porque muchos de mis amigos lo hacían. El vuelo del que te hablé antes fue solo uno de tantos, pero fue el más significativo, porque me marcó para siempre. 

Había buscado en muchas religiones y disfrutaba mucho dialogando con sus guías religiosos, pero siempre notaba que se contradecían entre sí, lo que demostraba que alguien tenía que estar equivocado. Leía mucho, pero nada era tan elevado como la Biblia, que enseñaba cosas raras, como: “Ama a tus enemigos”, “Felices son los que lloran”, “No teman al que no puede matar el alma”. Eran cuestiones aparentemente muy profundas que requerían una interpretación coherente.

Fidel: Tu canción “Si en el cielo yo viviera” denota una inquietud espiritual muy fuerte en ti.

Zulu: Siempre (a partir de los 18) sentí inclinaciones mesiánicas. Quería hablarle a la gente sobre cómo mejorar el mundo, es decir, la sociedad. Creo que quise ser una especie de líder de juventudes. 

Luego de mis últimos vuelos con LSD busqué respuestas en la religión católica. Rezaba el Rosario con las viejitas todos los días por la tarde. Pero no me bastaba. Quería saber más. Un día abordé a diferentes sacerdotes para preguntarles cómo podía estudiar la Biblia. Pero, uno me respondió: “Cuando el Diablo no tiene nada que hacer, mata moscas con la cola”, y el otro exclamó, mientras se retiraba y me dejaba ahí parado: “¡Biblia, Biblia! Hombre, ponte a estudiar algo que te dé plata”, dejándome ahí, sembrado.

Fidel: ¿Por qué crees que respondían así?

Zulu: Porque no sabían las respuestas. Yo les estaba preguntando cosas sobre las que no tenían una respuesta concreta. ¿Cómo podrían sustentarlas? Antes de aquellos incidentes, recuerdo que solía fumarme la Biblia. Dividía las páginas en cuatro y armaba mis pitillos de marihuana, lógicamente, primero los leía detenidamente.

Fidel: ¿Aquellos rechazos te impulsaron a vincularte con los testigos de Jehová?

Zulu: En agosto de 1974 empecé a estudiar la Biblia con los testigos de Jehová. Loui Gay, bajista de The Acid, un grupo de rock, de Chaclacayo, formado por Carlos Seibt, fue la primera persona que me habló del paraíso y del reino de Dios en la tierra. Eso fue a fines de los 60 ó comienzos de los 70. Y me dijo que, si quería más información, debía preguntarles a los testigos de Jehová. "¿Y quiénes son esos?", le pregunté.

Después de varios años, estas personas tomaron la iniciativa llamando a mi puerta. Su costumbre era ir de casa en casa. ¡Delivery de la Biblia! Muy oportuno para mí, que buscaba un alma gemela espiritual. Y encontraron un oído. Cuando presté atención al mensaje, me ofrecieron estudiar la Biblia (lo contrario de lo que habían hecho los sacerdotes antes mencionados), y por supuesto, acepté. 

Un día fui a sus reuniones para ver cómo vivían (porque soy pragmático por convicción), y me puse a escucharlos y a observar cuidadosamente como vivían y se interrelacionaban. ¡Y me encantó el orden en que todos participaban, inteligentemente! El pastor no gritaba a los oyentes ni los hacía sentirse culpables, tampoco pedía dinero. Todos fueron muy hospitalarios. De modo que continué yendo. Desde entonces, no he dejado de leer la Biblia diariamente. Su caudal de información es impresionante, y su motivación, muy fuerte.

Fidel: ¿No cuestionaron tu procedencia y aspecto?

Zulu: A pesar de que seguramente me habían visto en “24 Horas”, y de que mi música sonaba en todas las radios, parecían no conocerme. Ninguno jamás me saludó de manera especial, como si supieran quién era yo. Mi foto, de aproximadamente un metro de altura, estaba en los escaparates de todo Lima de la cadena Disconcentro, de Héctor Rocca, ¿y no me reconocían?

Después de unos veinte días, me picó la curiosidad y les pregunté al respecto, francamente. Me respondieron: “Claro que sabemos quién eres. Tú eres Zulu”, otro dijo: “Yo tengo tu disco”, y otro dijo: “¡Yo vi tu entrevista en '24 Horas'!". Y me sacaron de cuadro, es decir, me asombró.

Desde el primer día que fui a sus reuniones habían sabido quién era yo. “Entonces, ¿por qué sentí que no me reconocieron?”, les pregunté. Y respondieron: “Es que nosotros no admiramos personalidades. Para nosotros, simplemente eres un ser humano como nosotros”. 

Eso me agradó mucho. También noté que no ovacionaban a sus oradores. Aplaudían modestamente por unos 15 ó 20 segundos, como diciendo: “Gracias”, y punto. No había alabanzas con gritos, interrupciones ni aleluyas desde el asiento. Eso me animó a estudiar la Biblia a fondo.

Fidel: ¿A qué se debió tu alejamiento?

Zulu: Aprendí que Dios desaprueba el uso de imágenes en la adoración, y sin embargo, yo estaba en camino a convertirme en un objeto de adoración para la juventud. Además, comenzó a molestarme el hecho de que el ambiente en el que me desempeñaría por el resto de mi vida estaría vinculado de alguna manera con el sórdido mundo de las drogas, el sexo libre y fiestas estrepitosas y desenfrenadas. Y principalmente porque quería dedicar todo mi tiempo disponible a la obra de Jesucristo.

Contrario a lo muchos prejuzgaron, nadie me dijo que tenía que abandonar la música. Pero entendí que me convenía alejarme del ambiente. Fue una decisión muy personal de la cual nunca me he arrepenti. Hay hermanos míos famosos que siguen en la música, pero en mi caso particular, si seguía en la música, tarde o temprano hubiera vuelto atrás y tal vez me hubiera alejado de Dios. No quería que eso sucediera. 

Quedarme y servir al mundo era una tentación muy fuerte para mí, que ahora, más que Zulu, quería ser testigo de Jehová. Hoy ya no siento esa presión. Lo he asimilado. Pero aún así, continúo firme en mi decisión de no usar el mundo plenamente, porque ya no soy parte de él.

A ese grado llegó mi pasión por el estudio de la Biblia. Puse el reino en primer lugar en mi vida y, sin titubear, lo demostré con hechos. Lo que aprendí en la Biblia superó todas mis expectativas. Me sentí como quien había encontrado un tesoro.

Eso no significa que desprecio a las personas o a la música o a las cosas hermosas que hay en la Tierra y el universo. No hay que confundir "chana" con "Juana". Al decir que no soy parte del mundo me refiero a que no promuevo su modus vivendi egoísta, su mercantilismo despiadado y su filosofía incoherente y contradictoria.

Mi experiencia entristeció mucho a Billy Morgan, a Kelonio Del Solar y a muchos otros amigos, y en especial, a mi familia. Después lo superaron, pero en ese tiempo, Billy había regresado de Estados Unidos con un contenedor, con toda su casa, su automóvil y un equipo de sonido de primera. Mi hermana mayor había aprovechado para encargarle que me comprara una bonita guitarra Ovation Glenn Campbell y me la trajera, le dio el dinero y Billy me compró una preciosa de doce cuerdas con clavijero dorado. ¡Un sueño de guitarra! De paso, él se compró la melliza de seis cuerdas. Pero yo ahora era testigo de Jehová y Billy no lo sabía.

Fidel: ¿Cómo lo tomó?

Zulu: ¡Muy mal! Como casi todos. Se esforzó mucho para rescatar a su amigo y devolverlo a la música. Pero no pudo, y así se lo comunicó a mi hermana, porque ella había abrigado la idea de que mi nueva guitarra renovaría mi interés por seguir en mi carrera. Ella me esperaba en Estados Unidos para continuar allá.

A Bill le chocó tanto que mi actitud contribuyó a que poco tiempo después vendiera todo y regresara a Estados Unidos. En realidad, todos se molestaron. Otro que no estuvo de acuerdo fue Bam-Bam, conocido tumbador, que me dijo algo así como esto: “¡Bah! ¿Qué has hecho? ¿Sabes cuánto nos cuesta a nosotros luchar por lo que tú has dejado? Aunque sea por agradecimiento, deberías regresar”. 

Por eso, si ahora no me veo casi con nadie de aquella época, es porque supongo que me convertí para ellos en un símbolo del fracaso o algo así. No lo entendieron. Menospreciaron mi decisión. Por eso me escudo un poco en mi pasado de afición a las drogas, diciéndoles que no me gustaría volver a eso, y que por eso prefiero mantenerme alejado. Pero en realidad, no es así, porque, aunque consumía, nunca llegué a ser adicto. Cuando dejé de hacerlo, no experimenté ningún síndrome de abstinencia ni me volví loco. Solo pasé la página. Leche derramada.

Fidel: ¿No hubo ni un margen en tu decisión? ¿Tuviste que ser tan radical?

Zulu: Reconozco que fui radical, aunque no fundamentalista. Lo que pasa es que en la Biblia encontré un proyecto fabuloso que me cautivó más profundamente. Dentro del movimiento no había sitio para los “figuretis”, “prima donnas” ni para quienes desearan sobresalir imponiendo su punto de vista o personalidad, o que se les admirara sobre los demás. Era todo lo opuesto a aquello tras lo cual había estado yendo. Pero me gustó más. Encontré el eslabón perdido de mi espiritualidad y simplemente lo incorporé a la cadena de eventos. Ahora todo encajaba perfecto.

Fidel: ¿Sigues haciendo música de manera privada?

Zulu: Sí. Lo que dejé fue aquello hacia lo cual la música me estaba llevando, o sea, un estilo de vida que en el fondo ya no quería. En realidad, originalmente, había querido ser famoso y sobresalir, pero era porque aunque tenía un proyecto en mente, ignoraba que existía una senda más elevada, de mayor significado y trascendencia. Ignoraba que en la Biblia había un proyecto para un nuevo mundo. Cuando me di cuenta de lo impactante, completo y conmovedor que era, me dije a mí mismo: “¡Este es el camino, vamos por él sin titubeos!”.

Fidel: No te prohibieron la música, pero sí cambiaste tu apariencia.

Zulu: Modifiqué mi especto, es cierto, pero no porque me lo hubieran pedido ni impuesto. Nadie me dijo “rasúrate, córtate el pelo o vístete modestamente”. Lo que pasa es que yo quería ser como ellos. No quería resaltar sobre ellos por ser diferente. ¡Quería ser como ellos! Y en estas latitudes ellos no suelen usar barba ni cabello largo, tampoco son esclavos de la moda. Créeme que me siento bien así. Extraño mi barba, pero no es para tanto. Me siento completo con o sin barba. Ahora mi vida es de perfil bajo. No siento ninguna necesidad de volver al mundo de la farándula ni al aplauso como un medio de vida.

Fidel: ¿Con el tiempo, aceptó tu familia tu conversión?

Zulu: Mi hermano Pedro, que tocaba batería, y Pilar, que cantaba en un grupo, y aun mi madre, que solía ir a Misa religiosamente, creyeron que yo había perdido el juicio. Pero con el tiempo, ellos me siguieron por el mismo camino. Coco Suárez y casi todos mis amigos se enfadaron muchísimo, y lamento que pensaran así, pero mi madre y mis hermanos tomaron una decisión personal al respecto. Les propuse una nueva manera de vivir, no se las impuse, y ellos lo decidieron por sí mismos. Su decisión fue pragmática.

Fidel: ¿Tenías pensado seguir grabando discos?

Zulu: Sí. Ya había empezado, aunque no grabamos las voces ni los arreglos porque aproximadamente en diciembre de 1974 rescindí mi contrato con la disquera.

Fidel: ¿Hay alguna probabilidad de que, por ejemplo, las canciones que no terminaste, o las nuevas que hayas hecho, se las des a otra persona?

Zulu: Les mandé “Un suelo lindo” a los Kjarkas, pero no le dieron bola. Trata de un hombre de los Andes que sufre por su pasado histórico, añorando un futuro maravilloso en el que las montañas dejen de sufrir. Cuando compongo, siempre imagino tocando en grupo, en un concierto. Componer es un arte, y como tal es muy diverso.

Fidel: ¿Y cómo es que te dedicas a trabajar en técnicas de oratoria*?

Zulu: Cuando dejé la música, me dije: “¿Y ahora qué hago?”. Entonces, como ex alumno del famoso curso ILVEM y de la escuela de oratoria del Instituto Nueva Acrópolis, acopié algunas experiencias agradables enseñando y dando discursos, y decidí aprovecharlo. Perfeccioné mis técnicas estudiando el manual del Dale Carnegie Course y tomé un curso de locución y me convertí en instructor de oratoria. 

Dicté mis cursos en el local de la Cámara Junior de Lima durante algunos años, también en la de Cusco y Piura. Posteriormente, me incorporé al plantel de instructores de oratoria del Instituto Peruano de Administración de Empresas, (IPAE) y del Centro de Formación y Capacitación de Electroperú. 

Después seguí por mi cuenta y motivé durante años a la fuerza de ventas de conocidas empresas. Viajé por todo el Perú de punta a cabo dictando mis conferencias. También me invitaron Enrique Pizarro Durán y Nuria Vanegas, de Universidad Corporativa, a exponer en Ecuador y Panamá, y después a formar parte de su equipo por un tiempo. Pero nada se compara con la experiencia de hacer música.

Fidel: ¿Será porque hacer música implica crear?

Zulu: Me agrada redactar y dictar conferencias. Es una forma de arte. Implica crear. Uno beneficia a muchas personas compartiendo sus conocimientos. Pero me agrada más componer y arreglar canciones. Si hubiera seguido en la música, me hubiera gustado tener un grupo como el de Keiko Matsui*. Siento una gran admiración por el nivel que los japoneses han alcanzado en el campo de la música.

Fidel: Es curioso que justo te retiraras de la música en 1975, porque ese año dejaron de producirse discos LP peruanos de rock, y la escena local entró en un letargo del que solo se despertaría en los 80.

Zulu: No conozco tan bien como tú la cronología de la música en Perú. Pero creo que los Mad’s dejaron discos grabados, y Traffic Sound no debió disolverse. Se generó un vacío. Por eso es que cuando apareció Frágil, gustó tanto que acaparó toda la atención y resurgió el interés en el rock, y lo hicieron muy bien. 

Hubo otros grupos, es cierto, pero tal vez les faltó apoyo, ¿o mística? No sé. Hubo muy buenos grupos que aunque no llegaron a ser tan conocidos, fueron muy buenos. Es interesante que me relacionen con la arqueología de la música en el Perú y me hayan concedido un pequeño espacio en el recuerdo, por ahí, de vez en cuando. Sufi. Es algo por lo que siempre estaré muy agradecido.

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Comentario del entrevistador:

EL ÚLTIMO DE LOS CLÁSICOS PERDIDOS

Cuando cantar en inglés y parecerse lo más posible a los referentes anglosajones vigentes distinguía a los rockeros de verdad, Zulu tuvo la audacia de grabar un LP con canciones propias en castellano y fusiones de rock con géneros de lo más diversos.

El éxito masivo que tuvieron varios de sus temas se explica por su calidad y por tener un espíritu desprejuiciado que los hacía sumamente asequibles.

Zulu es uno de esos raros casos del rock nacional en los que la inteligencia y el buen hacer obtuvieron respuesta de parte de una audiencia más acostumbrada a respaldar sonsonetes lobotomizantes antes que propuestas coherentes.

El ánimo festivo de “Candela”, una mezcla de tondero, música africana y calipso, inicia el disco con una energía y consistencia que no decae en todo el lado A, ni siquiera cuando los aires folk-pop de la reflexiva “Como una escalera” disminuyen el ritmo.

“Sueño de amor” con su fantástica impronta caribeña, y “Cariño grande” y su invitación a zapatear jubilosamente como suele hacerse en los Andes, son piezas que es necesario incluir en toda antología de música juvenil peruana que quiera preciarse de exacta. “Si en el cielo yo viviera” cierra la primera parte y, con un intenso trabajo de moog y batería, muestra el lado progresivo y espiritual de Zulu.

Al voltear el LP, “Sana camaleón” nos saluda con su pegajoso coro antihipocresía. Su bulliciosa extroversión se verá equilibrada con las reflexivas “Laberintos”, “San Isidro de mí” y “Tus palabras”. Formalmente apacibles, estas canciones contienen confesiones que pueden explicar la ansiedad que inconscientemente consumía a su autor y que lo llevaría a buscar respuestas por otros rumbos. El final, con la esperanzadora “Como lirios en el campo” también parece presagiar su decisión de encontrar una vida mejor.

Fidel Gutiérrez Mendoza
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Setiembre de 2008 para el blog oficial del fanzine "Sótano Beat".

Equipo de Columna Beat: Ricardo García, Diego García, Luis Berrocal, Roberto Gagliardi, Carlos Zavala y Hugo Lévano. 

Texto y fotografía: Fidel Gutiérrez M. 

Nota: El mes siguiente, motivado por esta entrevista, Zulu abrió un blog en Internet -de visita obligatoria- desde donde ha seguido sorprendiéndonos con acertados comentarios musicales que destilan paz. En su blog, Zulu se tomó la libertad de insertar algunos updates interesantes a este artículo.

(Nota de Zulu: Si quieres leer un artículo que redacté sobre mi encuentro con la IA (AI en inglés para "Inteligencia Artificial), en el que, sin hablar de Dios, religión ni política, concordamos en algunas de las razones del fracaso de la humanidad por lograr la unidad y un futuro maravilloso, y por qué muchos temen que la IA lleve a la autodestrucción de la humanidad. Personalmente no creo en la destruccion de la humanidad. Haz clic aquí para leer la interesante autoentrevista.
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